Misschocole: «No sólo elaboramos dulces, creamos experiencias»

Anna Radzikowska, nueva propietaria de Misschocole
Anna Radzikowska, nueva propietaria de Misschocole
Hace ya más de medio año que Anna Radzikowska tomó las riendas de Misschocole, una pastelería y chocolatería que llevaba ocho años ofreciendo dulces artesanales en Bilbao. Bajo la nueva dirección de Anna cuentan actualmente con dos tiendas; la principal, en la calle Heros, muy cerca del Guggenheim, donde se encuentran la cocina abierta y el obrador; y una segunda en Doctor Areilza, un espacio donde además de disfrutar de tartas y pasteles, también se puede tomar un buen café o pedirlo para llevar. Pero detrás de esta iniciativa emprendedora hay una historia personal que aúna experiencia y sueños. Un relato que nace en Polonia trabajando como bussines trainer y termina en Bilbao haciéndose cargo de un negocio artesano que ya estaba en marcha. Ahora, la historia de Anna, es la historia de Misschocole.

 

Anna, llevas 6 meses al frente de Misschocole ¿Cómo te atreviste con este reto?

La verdad es es que es un negocio muy complejo. Llevar una pastelería como Misschocole requiere conocimientos técnicos sobre masas, procesos de elaboración y trabajo con chocolate, que es todo un mundo en sí mismo. Además, la marca ya tenía productos reconocidos por la clientela: las famosas palmeras de Misschocole, elaboradas con chocolate de verdad y hojaldre de gran calidad, los Basquettones, nuestra versión propia del Panettone y, por supuesto, los bombones artesanales pintados a mano y elaborados con chocolate de alta calidad. Todo tiene sus recetas, sus procesos y también sus pequeños secretos. Y los clientes saben perfectamente cómo deben saber esos productos.

Claro que asumir este negocio me daba mucho miedo y, sinceramente, todavía me lo da a veces. Pero siempre he creído mucho en el trabajo, en la constancia y en hacer las cosas con cariño. Cuando realmente te implicas, los resultados terminan llegando.

Además, la fundadora original del negocio llevaba tiempo buscando nuevos propietarios porque quería que el proyecto continuara manteniendo la misma esencia y no se transformara en algo completamente diferente. Cuando llegué a Bilbao me enamoré de la cultura gastronómica de la ciudad. Recuerdo que cada mañana, camino al trabajo, observaba los bares y cafeterías pensando que algún día me gustaría crear algo propio aquí.

Cuando descubrí que el negocio estaba en venta, al principio ni siquiera me atreví a contactar directamente. Estuve dándole muchas vueltas durante bastante tiempo y, casi por casualidad, acabé compartiendo mis dudas con una compañera… ¡y fue ella quien me ayudó a dar el primer paso! Así empezó todo.

Hablando de cómo llegaste a Bilbao, cuéntanos tu trayectoria profesional y cómo ha sido el camino que te ha llevado hasta aquí.

Estudié Historia en Cracovia, una ciudad preciosa llena de bares, cafeterías, restaurantes y, por supuesto, pastelerías. Como muchos estudiantes, pasábamos muchísimo tiempo en cafeterías estudiando, reuniéndonos después de clase o simplemente disfrutando del ambiente de la ciudad. Recuerdo que ya en aquella época observaba con mucha curiosidad a los dueños de los locales y pensaba: “¿Cómo será tener tu propio establecimiento?”.

De hecho, uno de mis lugares favoritos era una cafetería encantadora especializada en chocolate caliente, la primera de este tipo en Cracovia. Creo que, sin saberlo, ahí empezó también mi conexión emocional con este mundo.

Fue además en esa etapa cuando conocí a mi marido, y desde entonces hemos sido inseparables.

Aunque me especialicé en enseñanza infantil, en aquel momento el mercado laboral era complicado, así que tuve que explorar otros caminos profesionales. Trabajé en la universidad, gestioné mi propio negocio y, más adelante, desarrollé mi carrera durante unos 15 años en grandes empresas tecnológicas internacionales, principalmente en áreas de contabilidad y gestión de proyectos.

Finalmente, mi trayectoria profesional me llevó a Bilbao… y aquí estamos.

«Me hipnotizan el color, el olor y la textura del chocolate. Es mi forma de meditación»

¿Cómo nació esa pasión por la repostería? ¿Recuerdas cuándo preparaste tu primera tarta?

La verdad es que llevo preparando tartas y dulces casi toda mi vida. Es mi ocio y mi pasión. Preparé mi primera tarta con 7 años. Desde entonces, no imagino mi vida sin hacer algo dulce.

Me encanta trabajar la masa, decorar tartas… Me hipnotizan el color, el olor y la textura del chocolate. Es mi forma de meditación, mi mundo, donde me sumerjo completamente al crear algo. En ese momento no existe nada más: solo yo, mis manos y el producto que estoy elaborando. Creo que algo parecido sienten los pintores al crear sus obras. En ese sentido, la repostería también es una forma de arte.

En cuanto a mi carrera profesional en este ámbito, como siempre ha sido mi pasión, en un momento dado me atreví a abrir una cafetería en Cracovia. Trabajé con pasteleros, aprendí mucho de ellos, buscábamos recetas y crecíamos juntos. Pero mi vida volvió a cambiar de rumbo. Acepté participar en otro proyecto importante para mí en ese momento y decidí vender la pastelería.

¿Fue ese trabajo el que te trajo aquí?

Sí. Desde la pandemia trabajaba en remoto desde Polonia para una empresa dedicada a la formación en gestión empresarial, con sede en Bilbao. Finalmente, me ofrecieron trasladarme aquí.

No fue una decisión fácil, porque implicaba mudarnos toda la familia, mi marido y mi hija, que entonces tenía 7 años, a otro país. Pero ya conocíamos Bilbao por motivos de trabajo, y finalmente nos animamos a dar el paso.

Hoy estamos muy felices aquí. Tenemos nuestra vida establecida y Bilbao nos han acogido muy bien. La mayor riqueza de esta ciudad es su gente, que es increíble. Ahora Bilbao es nuestro hogar y lo disfrutamos muchísimo. Y con Misschocole intentamos aportar nuestro granito de arena para que esta ciudad sea aún más especial… Con un toque más dulce.

Ya han pasado más de seis meses desde que tomaste las riendas del negocio. ¿Cómo está siendo la experiencia?

La verdad es que está siendo una experiencia muy intensa, pero también muy bonita y enriquecedora. Durante el cambio de gestión, los locales estuvieron cerrados temporalmente en agosto de 2025 y aprovechamos ese tiempo para realizar mejoras y una limpieza profunda, con la idea de reabrir ofreciendo una experiencia aún mejor a nuestros clientes.

El equipo se ha mantenido prácticamente igual, aunque ha habido algunos cambios naturales. Me siento muy agradecida por las personas que forman parte del proyecto: cada una da lo mejor de sí y trabaja con muchísimo cariño. Y eso se nota, no solo en los productos, sino también en la experiencia que vive el cliente cuando entra en Misschocole.

«Me emocionan las reacciones de los clientes: un niño que ve su tarta de cumpleaños tal y como la había imaginado, una madre que recibe una caja sorpresa»

¿Se ve que disfrutas esa relación con los clientes?

Muchísimo. Por ejemplo, cuando estamos horneando palmeras o bollos de mantequilla y la gente entra atraída por el olor diciendo: “No hemos podido resistirnos”. Son momentos pequeños, pero muy especiales.

Porque al final, nuestro trabajo no es solo elaborar dulces, sino crear experiencias.

Me emocionan las reacciones de los clientes: un niño que ve su tarta de cumpleaños tal y como la había imaginado, una madre que recibe una caja sorpresa, una pareja disfrutando de un café en un ambiente acogedor…

Quizá estén teniendo una conversación importante que recordarán toda la vida. Quizá sea una primera cita. O una boda, una comunión… momentos que quedarán en fotos y recuerdos para siempre.

Formamos parte de momentos importantes en la vida de las personas, y por eso intentamos cuidar cada detalle. Ese es nuestro objetivo cada día.

¿Cómo ves el futuro de Misschocole en Bilbao? ¿Qué ideas tienes y cómo te gustaría que evolucione el negocio dentro de unos años?

Nuestra idea es mantener los productos clave que ya tienen su público y seguir incorporando nuevas propuestas. Nos inspira mucho la alta pastelería francesa y estamos siempre atentos a las últimas tendencias del mundo de la repostería. Nos encanta seguir aprendiendo y evolucionando constantemente. De hecho, solo en los últimos seis meses el equipo ya ha realizado cuatro formaciones adicionales.

Hace poco lanzamos una nueva colección de tartas de queso y tartas mousse, disponibles por encargo a través de nuestra web, y tenemos otros proyectos y productos en desarrollo que esperamos presentar próximamente.

También queremos seguir creciendo en el área de mesas dulces para eventos y celebraciones, como bodas, comuniones o cumpleaños. En este aspecto apostamos mucho por un enfoque personalizado, porque creemos que cada celebración es única. No existen dos parejas iguales ni dos bodas idénticas.

Sí, dedicamos más tiempo a adaptar nuestras propuestas a cada cliente, pero creemos que eso marca la diferencia. Queremos que las personas sientan que aquí pueden venir con una idea, un estilo o un sueño, y que nosotros vamos a ayudarles a hacerlo realidad.

Ya sea una tarta de boda soñada o una mesa dulce con una estética específica, nuestro objetivo es combinar creatividad, calidad e ingredientes excelentes para ofrecer una experiencia realmente especial.