La Interacción que Puede Llegar

Autor: FONDAKI

Resulta que es un momento propicio. Como en el resto de las atmósferas de la vida que está tendiendo a observar una transformación, el comercio otea su particulares retos vinculados a la nuevas formas de atención a los consumidores. Aunque igualmente resulta evidente una variación en las formas de dispendio, de primera necesidad o más superfluas, la cercanía con el potencial interesado ha entrado en fase de reconsideración. El distanciamiento físico, en la medida en la que se vean alterados sus plazos de imposición, dejará huellas.

La tecnología, en sus distintos estilos de interpretación y configuración, ha estado encajada en nuestros sentidos con niveles diferentes de asimilación en estos últimos lustros. Desde la llegada de los contactos automatizados con las unidades de Atención al Cliente de múltiples corporaciones, los consumidores hemos asumido, no sin rechazo, reclamaciones y obligación de modificaciones, un intercambio en las relaciones de adquisición de productos que se ha naturalizado hasta un punto en el que queda poco para que dejemos de ser imprescindibles.

Mientras se alcanza ese estadio de redundancia, ya en pruebas como constató Amazon con sus Dash Buttons, la distorsión transita entre generaciones y advenedizos de una época que está entre líneas. Hoy existe un claro linde de separación muy determinado por las escalas de los comercios, incluso entre los competidores del mismo escalafón, y ese no es otro que el grado de presencia o exposición en internet. Y entiédase que el comercio electrónico, al menos tal y como lo entendemos en la actualidad, también está mutando.

Sintetizado en la máxima del «ni tanto ni tan poco», el confinamiento forzado ha requerido el uso indiscriminado de canales de venta que acercasen a comercios y clientes, especialmente a aquellos locales «analógicos» pero con artículos de primera necesidad. Los consumidores hemos asistido a un formato de relaciones poco explorado en las tiendas pequeñas, unas que han encontrado en varias plataformas virtuales un espacio de proximidad para la venta. Lo sugestivo, y singularmente últil, ha sido lo «rudimentario» de las comunicaciones.

Mientras las grandes superficies ensayan con modelos más complejos de relaciones entre sus puntos de venta y los consumidores, lo refleja Charged Retail en su noticia sobre el uso de chatbots vía WhatsApp que pretende Lidl en Irlanda, los negocios «de proximidad» lidian con los aforos ínfimos y la exposición menguante. Pero en la medida en la que lo permitan sus dimensiones y capacidades de actuación/inversión, deben reconocerse en la declaración del «ni tanto ni tan poco». Pueden articular iniciativas particulares aclimatación.

Cuando los márgenes del movimiento territorial se han visto acotados para buena parte de la población europea, la cercanía a las grandes superficies se ha desvanecido y, exceptuando a la compra de productos perecederos, se ha trasladado al golpe de click. Modelo que crece a la misma velocidad que entra en contradicción con las metas de reducción de emisiones y anticipa reformulados estilos de consumo en el que el click&collect sea cercano. Una matriz heterogénea de compra en la que no sólo se consideren los costes del artículo.

Sin recurrir tampoco a las plataformas de las grandes corporaciones, incluso sin la necesidad de alojar dominios y/o recursos digitales en algunos de los servidores delegados de Amazon Web Services, asoman recursos que facilitan la interacción post- COVID-19.  Una en la que los comercios locales «exploten» los nexos de confianza establecidos durante un periodo en el que las oportunidades de adquisición han quedado limitadas y esos locales, en el sentido amplio de la palabra, estaban ahí. Se requerirá pedagogía de las implicaciones glocales.